Seamos sinceros: a la mayoría de nosotros nos encantan las fiestas. Es durante las mismas que pasamos más tiempo con la familia, los amigos, nos reencontramos con antiguos compañeros de clase, los ambientes son más distendidos y relajados… Aprovechamos para permitirnos caprichos y descuidamos nuestra alimentación.

Para muchos, las Navidades no son Navidades sin turrones, polvorones, mantecados, trufas de chocolate, bombones o el tradicional (y demasiado rico) chocolate con churros. Los periodos festivos, aunque gratificantes, van acompañados de muchos excesos, ya que solemos comer más de la cuenta, incrementamos el consumo de alcohol, cambiamos la rutina y los horarios, dormimos menos horas, descansamos peor debido a digestiones pesadas y alguna que otra resaca…

Tras darnos a la “mala vida” durante unos cuantos días, realmente estamos cansados y somos muchos los que estamos deseando que se acaben las fiestas, las comilonas, el Roscón de Reyes… y volver a la rutina y a la normalidad. Y aquí es donde entran en juego las llamadas “Dietas Detox”. Son varias las personas que, buscando una manera sencilla de “recuperar el control”, recurren a estas dietas que prometen ayudarte a recuperarte de los excesos sin apenas esfuerzo y en cuestión de pocos días.

Así que aprovecho porque os voy a contar la mía.

Si lo que esperáis es que os cuente una dieta milagrosa que en cuestión de 3 días arreglará el destrozo que le hemos hecho a nuestro cuerpo en estas fiestas, podéis parar de leer y buscaros otro blog. En serio. Aquí os voy a contar lo que hago para “depurar” mi cuerpo tras las fiestas, el por qué y la razón de por qué no creo en las dietas “detox” tal y como las conocemos.

Qué es una “Dieta Detox” y por qué mucha gente las sigue

Empecemos aclarando el concepto de “detox”. Evidentemente, la palabra viene de “desintoxicar” o, lo que es lo mismo, eliminar las toxinas de nuestro cuerpo. Durante las épocas de excesos, nuestro cuerpo se llena de más toxinas que de costumbre y las dietas de este tipo nos ayudan a depurar el organismo, creando un efecto de renovación. Entre sus beneficios se encuentran la reducción de la fatiga, la bajada de peso y la mejora de la piel.

Existen muchos tipos de dietas detox, pero la mayoría se basan en los mismos conceptos: reducir el consumo de azúcar, dejar de lado el alcohol, incluir superalimentos y beber una serie de licuados a base de frutas y verduras durante unos pocos días (normalmente una semana).

La teoría suena muy bien. Al fin y al cabo, ¿quién no quiere encontrarse mejor simplemente bebiendo unos cuantos batidos durante unos pocos días? Ésta es una de las razones por las que este tipo de dietas gana adeptos cada año. Los seres humanos somos vagos por naturaleza. Nuestro cerebro siempre busca la manera más eficiente de hacer las cosas así que ¿por qué voy a comer saludablemente y a hacer ejercicio diariamente, pudiendo beber unos zumos durante una semana y obtener los mismos beneficios?

El problema es que esta forma de pensar es errónea. Se ha demostrado que el cuerpo ya tiene un sofisticado sistema depurativo y que, en realidad, en ningún momento nos estamos intoxicando. La premisa de “limpiar el organismo”, que tanto anuncian las dietas detox, es falsa ya que nuestro organismo no necesita de ninguna limpieza. Es más, estas dietas suelen ser pobres en proteínas, vitaminas y minerales por lo que, a la larga, nos genera más problemas que beneficios.

Por otro lado, aunque la persona pierda peso y “mejore”, realmente no ha puesto ningún empeño en aprender a comer, por lo que cometerá más adelante los mismos errores y se expone al tan temido “efecto rebote”, recuperando los kilos perdidos y añadiendo alguno más.

Mi rutina “detox”

Sigo una dieta Paleo desde hace años y nunca antes me había sentido tan bien. Sin embargo, reconozco que durante las festividades me dejo llevar por la alegría y el jolgorio y acabo comiendo cosas que sé que no debo, como mi preciado chocolate con churros o el Roscón de Reyes. ¿Me preocupa esto? No demasiado. Me preocupa más lo que hago con mi cuerpo las 50 semanas restantes que no los días de Navidad. Dicho esto, procuro no pasarme y solamente darme caprichos los días señalados o en momentos muy específicos.

¿Qué es lo que hago durante y después de las festividades? Principalmente, procuro realizar ayunos tras las cenas o las comidas copiosas. He descubierto que es lo que mejor me funciona si quiero evitar ir de empacho en empacho. Por otro lado, hay que recordar que los ayunos no consisten en saltarse comidas, sino en añadir las calorías de la misma en la comida anterior o la siguiente a la que no hemos hecho.

En la cena de Nochebuena, ¿quién es aquél que solamente ha comido las calorías que consume habitualmente? Por lo general, nos pasamos tanto que podríamos ayunar un día entero, pues habríamos consumido durante la cena el equivalente a la cena más un día de comida.

Además de ayunar, lo que hago es volver pronto a la rutina. Despido el alcohol, los dulces, los tradicionales fritos que prepara mi familia por Navidad, etc. y vuelvo a dar la bienvenida a los alimentos ricos en sulfato (coles de bruselas, brócoli, berza, coliflor,…) y polifenoles (arándanos, frambuesas, moras, berenjenas,…). También incluyo alimentos fermentados en mi dieta, como el chucrut o el kéfir, así como cualquier vegetal o tubérculo que se me ocurra fermentar. Particularmente, soy muy fan de las zanahorias fermentadas.

En cuanto al ejercicio físico, tras las fiestas suele ser duro comenzar, por lo que me lo tomo sin prisa pero sin pausa. Procuro ir a entrenar todos los días, aunque algunos de ellos sean simplemente estiramientos que me permiten activar el cuerpo.

Conclusiones

Como ya hemos visto, cuidar nuestra alimentación es esencial para conseguir que nuestro mecanismo de limpieza funcione correctamente. Aumento el consumo de frutas y verduras, de alimentos fermentados, practico el ayuno intermitente y sigo con mis rutinas de ejercicios.

En definitiva, la mejor rutina detox que podemos hacer es seguir con nuestro estilo de vida saludable. O como me gusta llamarlo, simplemente, volviendo al redil.