No sé si os pasará, pero en mi trabajo es muy habitual que, a eso de media mañana, alguien traiga algún dulce para compartir. Puede ser un surtido de bollería, un pastel, unas galletas para acompañar el café… Además, si alguien ha ido de vacaciones, lo habitual es que, a la vuelta, traiga algún postre tradicional del país al que ha ido. En resumen: tengo tentaciones prácticamente todos los días.

No os voy a engañar. Muchas veces me resulta muy difícil resistirme, en especial si estoy teniendo un día difícil o tras una larga reunión con algún cliente. Es complicado decirle que no a una suculenta napolitana de chocolate cuando tienes el cerebro frito. La buena noticia es que no es imposible.

Muchas veces usamos la comida como una especie de terapia para sentirnos mejor. ¿Que hemos tenido un día malo? Comemos chocolate (o helado, como hacen los americanos en las películas). ¿Estamos cansados de estudiar? Unas pocas galletas no nos van a hacer daño… Rara vez utilizamos algún snack saludable, como pueden ser unos frutos secos o una pieza de fruta, cuando estamos cansados, frustrados o simplemente negativos.

Aquí os dejo un listado de las cosas que mejor me funcionan para evitar las tentaciones que tengo a diario:

  • Beber agua

Algo tan tonto y tan sencillo como beber agua me ayuda a darme cuenta de que lo que siento en el estómago no es hambre, sino simple gula. Si al beber agua me sacio, entonces no es hambre y, por lo tanto, no necesito en absoluto esa pieza de bollería que me pide que la coma.

También se aplica el beber café o té, aunque en el caso del café a veces es más complicado por la implicación cultural de acompañar el café con algo para almorzar a media mañana.

  • Leer los ingredientes

Aquí aplico una regla muy sencilla: si alguno de los 3 primeros ingredientes es trigo, azúcar (o sus derivados químicos) o aceite de palma, no lo como. Por norma general, las cosas que traen al trabajo, al ser ultraprocesados, suelen tener los 3. También podría aplicar la regla de “si es un ultraprocesado, no lo comas”, pero estamos hablando de tentaciones y ya sabemos lo que pasa…

En caso de que el producto no venga en un envase con los ingredientes especificados, como sucede muchas veces con la bollería casera o la de panadería, me ayuda especialmente buscar la receta. Por ejemplo, en mi oficina es muy típico que alguien traiga cruasanes un par de veces por semana. Me dediqué a mirar cómo se hacen y me horroricé de la cantidad de mantequilla que se lo pone, ya que se realizan por capas y, en cada una de ellas, se pone un buen trozo de mantequilla. Y eso en los cruasanes que son de mantequilla ya que, para abaratar costes, suelen utilizar margarina que es más barata.

  • Explicar a amigos, familiares, compañeros, … que estás a dieta

Personalmente, uso esta opción para un grupo muy reducido de gente. Muchas personas asocian dieta a querer estar delgado, olvidando que también se puede hacer una dieta por salud o porque prefieres no comer ciertos tipos de alimentos. Tampoco me gusta explicarle a la gente que me rodea que estoy siguiendo una dieta. Muchas son las veces que escucho el típico “tú ya estás muy delgada, no necesitas ninguna dieta” y paso de dar explicaciones del porqué de mi elección de seguir una dieta paleo, que está lejos de simplemente “estar delgada”.

También influye el hecho de que que la mayoría considera que ya come saludablemente y, cuando dices algo que se sale de lo habitual (como sucede con el estilo de vida paleo), suelen cuestionar tus decisiones. Sin embargo, sé de gente que esto le funciona especialmente bien, sobre todo si está en un entorno de gente comprensiva que respeta las decisiones que cada uno toma respecto a su cuerpo y su salud.

Por lo tanto, si creéis que estás en un entorno donde van a entender que seguís una dieta libre de productos lácteos, cereales, azúcar y gluten, ¡adelante!

  • Pensar en las consecuencias negativas

Esto me ayuda especialmente, sobre todo en los días previos a la menstruación o cuando la estoy teniendo en esos momentos. Cuando estoy con la regla soy más propensa a tener caprichos o antojos y, por tanto, me cuesta más resistir las tentaciones. Sin embargo, también sé que el gluten especialmente me inflama y hace que mis menstruaciones sean más dolorosas que cuando sigo mi rutina habitual. Es maravilloso haber pasado del ibuprofeno diario los días de regla a tener una vida como de costumbre libre de pastillas, molestias, etc. Entonces, ¿por qué voy a dejarme llevar por la tentación del momento y tener una “felicidad de 5 minutos” que luego implica dolor y sufrimiento?

  • Respirar profundamente/ meditar

Al igual que beber agua, respirar profundamente cerrando los ojos y expulsando el aire muy lentamente nos ayuda a “vaciar” nuestra mente y alejar nuestros pensamientos de la tentación. La meditación también ayuda en estos casos e, incluso, hay técnicas de meditación específicas que nos pueden ayudar con las tentaciones y los caprichos alimentarios.

Si nada de lo dicho anteriormente funciona y, finalmente, te has dejado llevar, procura no torturarte ni martirizarte por ello. Recuerda que lo importante es lo que hagas el resto de días y el llevar un estilo de vida adecuado.

El hombre más poderoso es el que es dueño de sí mismo. Séneca