Como ya vimos en el artículo “Paleo como estilo de vida”, hay una relación muy directa entre nuestra vida diaria y el contacto con la naturaleza. Al fin y al cabo, se trata de intentar imitar, en la medida de lo que sea posible con la vida moderna que llevamos, a nuestros antepasados. Éstos se pasaban gran parte del día a la intemperie, disfrutando de un mundo que no estaba ni contaminado ni con los problemas medioambientales que tenemos hoy en día.

Para mí es evidente que, si queremos poder seguir disfrutando de la naturaleza y de los beneficios que ésta nos ofrece, debemos de ser lo más respetuosos posible con ella y esto se traduce, simplemente, en ser ecológicos. En cierta medida, hasta puede llegar a ser una acción bastante egoísta: para que yo pueda disfrutar, mis acciones tienen que ir encaminadas a proteger el medio ambiente. Sea por razones egoístas, o bien para dejar un mundo mejor que el que te has encontrado, lo importante es que en nuestro día a día tratemos de tomar las mejores decisiones para el planeta.

¿Cómo conseguimos que nuestras pequeñas acciones diarias afecten de manera positiva al planeta? Una manera relativamente sencilla es siguiendo la “Regla de las 3R”. ¿Y qué significan las 3R? Reducir, Reutilizar y Reciclar. El origen de esta regla es bastante incierto, aunque parece que se inició a raíz de un Congreso que tuvo lugar en 1976. En este congreso, EEUU comenzó una ley federal en la que hacía especial hincapié en reducir el consumo de recursos, en su conservación y en su posible reutilización. Años más tarde, Greenpeace popularizó las 3R y, en la cumbre del G8 de 2004, el Primer Ministro de Japón presentó la “Iniciativa de las 3R”. Vamos a ver cada una con detenimiento y pongamos algunos ejemplos:

Reducir

Reducir el consumo, ya sea de cosas superfluas que no necesitemos, o bien dejar de lado acciones altamente contaminantes y pasarnos a las alternativas más ecológicas. El consumo puede ser directo o indirecto. Imaginemos que queremos reducir el consumo en el transporte. Una idea podría ser dejar de ir en coche a trabajar y optar por ir en bicicleta, de manera que reducimos el consumo de gasolina, se reducen los gases contaminantes que éstos desprenden, etc. Pero una manera indirecta de reducir el consumo en el transporte podría ser el decidir comprar la fruta de temporada y de huertas locales. ¿Por qué? Porque al ser fruta que se encuentra relativamente cerca, el desplazamiento de ésta es menor. La fruta no tiene que recorrer largas distancias en un camión o un avión, ni tiene que pasar mucho tiempo en una cámara frigorífica, por lo que madura en el árbol y no en la cámara de frío y ganas en sabor. Además, el consumo local sale más barato porque no estás pagando por esos gastos de desplazamiento.

En ocasiones nos dejamos llevar por el momento y acabamos comprando cosas de las que luego nos arrepentimos. ¿Quién no tiene alguna prenda en el armario que se la ha comprado pensando que era lo mejor del mundo y luego no se lo ha puesto ni una sola vez? Cada vez que vayamos a comprar algo debemos refrenar nuestros impulsos y reflexionar. ¿Es algo que necesitas? ¿Te va a ser útil? ¿Pasa algo si no lo compras? Si las respuestas son negativas, más vale que dejes ese producto en la estantería.

Muchas veces hablamos de gastos que creemos que son inherentes y que, en realidad, no lo son. En invierno no necesitamos ir en pijama de manga corta por casa y con la calefacción funcionando a pleno rendimiento. No digo que no nos aprovechemos de la calefacción, pero sí que hagamos un uso eficiente y adecuado de la misma.

El otro día esperando el tren para ir a trabajar, me di cuenta de la cantidad de gente que tiene un café para llevar en la mano, por costumbre. Todos los días, mientras esperan el tren, se toman su cafecito con leche. Y no son baratos, ya que estamos hablando de unos 3,5€ cada vez, además del gasto de vasos desechables no reciclables diario. Afortunadamente, también me di cuenta que cada vez había más gente llevando su propia taza de viaje y pedía que le rellenaran el vaso. Muchas cafeterías están ya concienciadas de este gasto y ofrecen descuentos a los clientes que se lleven su propia taza reutilizable. En este caso no estamos reduciendo el consumo directo de café, pero sí reducimos el consumo de plástico y cartón al eliminar los vasos desechables. Esto también se puede aplicar a la hora de ir al supermercado. Algo que podemos hacer es evitar comprar aquellos objetos envasados con plástico si existe una alternativa a granel. También podemos llevar nuestra propia cesta, carro de la compra o, en último lugar, una bolsa reutilizable siempre en el bolso.

Como regla de oro, una buena práctica es intentar prescindir de aquellas cosas que tengan un único uso. Entiendo la comodidad de las vajillas de plástico cuando se organizan fiestas en casa, o las cápsulas de café para las visitas, pero de verdad, tampoco se tarda tanto en fregar unos cuantos platos o en preparar una cafetera.

El tema de la reducción es tan largo que podría dedicarle varios posts, por lo que voy a dejarlo así, por el momento.

Reutilizar

Reutilizar es darle una segunda vida a un producto concreto. Un ejemplo típico que siempre ponen los niños es utilizar el vaso de cacao untable como vaso normal y corriente para agua. Como espero que vosotros, lectores, ya no compréis ese cacao o similares, habrá que buscar nuevos ejemplos.

En casa somos bastante cafeteros. Los fines de semana, sobre todo, nos gusta moler nuestros granos de café y prepararnos un buen desayuno. O bien un espresso para después de comer. ¿Qué se puede hacer entonces con el café una vez ha cumplido su propósito? Puedes utilizarlo como abono para las plantas o bien como exfoliante para el cuerpo (aunque pueda sonar un poco raro). También es útil para quitar o absorber malos olores. Si tu frigorífico ha guardado algún alimento en mal estado y, por más que lo limpies, sigue oliendo mal, puedes probar a meter una tacita con granos de café. También es excelente para lavarse las manos después de haber estado cortando cebolla o ajos y quitarnos el olor que dejan.

Con el aceite usado se pueden hacer jabones, libres de SLS y respetuosos con la piel. Las sábanas viejas se pueden convertir en trapos de cocina. El papel impreso a una cara puede servir para hacer las listas de la compra…

Reciclar

Al dicho de “no es más limpio el que más limpia” le ha salido su alternativo “no es más ecológico el que más recicla”. Aunque la mayoría de las personas le dan la mayor importancia a esta última R, realmente es la que debería ser el objetivo último. Si únicamente compramos lo imprescindible y damos una segunda vida a nuestros recursos, son pocos los desechos generados que necesitan ser reciclados.

De todos modos, tampoco hay que dejar de lado el tema del reciclaje. A mi modo de ver, el modelo al que cada país debería aspirar es el de Suecia, que reutiliza o recicla el 99% de los recursos, llegando incluso a comprar residuos a otros países. Si queréis leer más sobre el tema, os invito a leer este artículoEso sí, está en inglés.

Las 3R son las que yo estudié en el instituto, hace ya bastantes años. Ahora, sin embargo, se habla de las 5R ya que, a las anteriores acciones, se les ha unido Reparar y Recuperar. Recuerdo que, cuando era pequeña, los artículos duraban más. Estaban hechos con materiales más duraderos y la gente los cuidaba. Además, la ciudad estaba llena de locales comerciales donde reparaban los electrodomésticos o aparatos electrónicos. Lo mismo ibas allí con la radio que con la lavadora. Hoy en día, y gracias a la “obsolescencia programada”, los aparatos tienen una esperanza de vida muy corta y, la mayoría de las veces, sale más caro repararlos que comprar un aparato nuevo.

Si ese aparato que ya no sirve, y es muy difícil de reparar, la siguiente opción es Recuperar algunos de sus componentes para que sirva a un aparato similar. Sería una manera muy similar a como funcionan los desguaces de los coches, a los que acudes cuando necesitas una pieza concreta que, a veces, no tienen ni en el taller.

¿Son las reglas de las “R” lo único que podemos hacer? Por supuesto que no. Una buena manera, desde luego, es optar por la energía verde, como la solar. Si vemos muy difícil instalar paneles solares o fotovoltaicos en nuestras casas, quizá sí sea factible cambiar a una compañía eléctrica cuya energía provenga de fuentes renovables.

Otra opción es cambiar la materia prima de un producto. Por ejemplo, dejar de lado el papel de celulosa, tal y como lo conocemos ahora, y pasarnos al de cáñamo o el de piedra. El papel de cáñamo es muy antiguo. Se remonta al 200-150aC en China y ha sido muy utilizado a lo largo de la historia. Sin embargo, como el cáñamo tiene otros usos más psicodélicos, en 1900 fue prohibido y su uso como papel cayó en picado. Sin embargo, el papel de cáñamo es más durarero que el papel que utilizamos hoy en día. ¿Quién no ha cogido un libro de sus padres, con las páginas completamente amarillas y tan frágiles que se ha quedado con pequeños trozos en la mano? Si queréis saber más sobre el papel de cáñamo, os recomiendo que echéis un vistazo a esta página.

El papel de piedra, por su parte, viene de los desechos de las canteras de caliza a los que se une una resina no tóxica para darle consistencia. El resultado es un papel resistente e impermeable, siendo una combinación muy curiosa.

En cuanto a la ropa, hay que tener en cuenta que la industria textil es la segunda industria más contaminante que existe, justo por detrás de la industria petrolera. Quizá esto nos debería hacer reflexionar antes de empezar a comprar ropa compulsivamente. Si es posible, elige materias primas orgánicas, como el algodón, la lana o el lino, y evita aquellas derivadas del plástico, como el nailon o el poliéster.

Como podéis observar, el tema es amplio y bastante complicado. Estamos rodeados de productos cuyo origen tiene un impacto muy negativo en nuestro medio. Sin embargo, como hemos visto a lo largo del artículo, existen muchos pequeños gestos diarios que podemos hacer, ya no solamente para salvar el planeta en la medida que nos sea posible, sino para acercarnos más a la vida sencilla que tenían nuestros antepasados.

No heredamos la Tierra de nuestros ancestros. La tomamos prestada de nuestros hijos. Proverbio de los Nativos Americanos