Muchas personas piensan que, hoy en día, no es necesario tener una gran despensa en casa. Al fin y al cabo, con salir a la calle y andar 5 minutos, ya llegamos al supermercado más cercano donde nos podemos abastecer sin problemas. Pero, ¿qué sucede cuando esa logística falla?

El año pasado, Mr Frugal y yo vivimos unos de esos acontecimientos que es muy improbable que ocurra: la nieve paralizó la ciudad durante 5 días y, durante todo ese tiempo, los supermercados permanecieron cerrados. La casualidad quiso, para darle mayor dramatismo a la historia, que nos hubiéramos ido de vacaciones el fin de semana anterior, así que cuando volvimos nos vimos que, en 3 días, íbamos a tener una gran nevada y nuestra nevera estaba prácticamente vacía. Mr Frugal salió rápidamente a comprar provisiones, pero los supermercados ya estaban arrasados. Volvió con una bandeja de pollo y algunas verduras. ¿Cómo pudimos sobrevivir a la gran nevada con una nevera tan pobre?

Pues porque, en realidad, sí que teníamos comida en casa. Aquí es cuando la despensa salió en nuestra ayuda. Siempre tenemos una serie de productos “por lo que pueda pasar”. ¿Qué mejor oportunidad que aquélla?

Cada vez que nos vamos de vacaciones, si es para pocos días, preparamos una serie de tuppers para poder tener comida que llevar al trabajo para 3 días. También horneamos unas cuantas bandejas, que pueden variar desde redondos de cerdo, pollos enteros, albóndigas… Todo esto lo guardamos en el congelador, junto alguna bolsa de verduras congeladas, un paquete de gambas y alguna bandeja de pescado. Sabemos que las verduras son mejores cuanto más frescas, pero siempre va bien tenerlas por si acaso. En la nevera, además, siempre tenemos un par de bandejas de huevos, fuente de proteínas y grasas muy buena, rápida y barata.

Y ahora sí, en lo que es la despensa propiamente dicha, guardamos siempre un surtido variado tanto de latas como de tarros de cristal. Aunque siempre es mejor tener tus conservas en tarros de cristal, no siempre es posible. Un ejemplo de lo que teníamos por aquel entonces eran latas de sardinas y anchoas, atún en salsa de oliva, aceitunas, tomates enteros, carne enlatada, leche de coco y harina de coco y almendras. Como los fermentados son tan fáciles de preparar con las herramientas adecuadas, siempre tenemos algunas verduras fermentadas y un bote de chucrut.

Las especias y los frutos secos tampoco faltan en nuestra pequeña despensa. Las especias aportan mucho sabor a las comidas, además de un montón de beneficios. Es una gozada observar y, sobre todo, degustar cómo cambia el sabor simplemente añadiendo unas pocas cucharaditas de cúrcuma, canela, pimienta o clavo. En cuanto a los frutos secos, ya os he contado en este post lo nutritivos que son, además de ser ideales como complemento a un desayuno, como postre o, simplemente, para disfrutar como aperitivo.

Otro de nuestros elementos imprescindibles en nuestra despensa es comida deshidratada. Es un método de conservación bastante natural y los alimentos duran bastante. Esto nos permite tener setas, algas, etc. y otra serie de platos que se preparan fácilmente (ideales para aquellos días que tengas una emergencia o no hayas descongelado la cena). Quizás no sean la opción más paleo del mundo, pero es infinitamente mejor que pedir comida para llevar. Las setas las solemos añadir a los currys, y las algas nos ofrecen un montón de minerales de una manera muy rica. Las algas llamadas “espaguetis de mar” nos gustan especialmente ya que, de todas las alternativas a los típicos espaguetis, son las que más nos han gustado. Si las cocinas con una buena salsa de tomate, ajo y aceitunas negras, te aseguro que no tendrá nada que envidiar a un típico plato de pasta.

También, y quizá esto os sorprenda, guardamos paquetes de arroz y algunas legumbres, como lentejas y garbanzos. Sin fruta, con muy pocas verduras y sin ningún tipo de tubérculo en casa, nos sería muy complicado el obtener la cantidad mínima de carbohidratos necesarios. Y más si sigues siendo activo y practicando deporte , a pesar de estar atrapado sin poder salir de casa.

Yo no tolero bien las legumbres, además de que nunca me han gustado debido a su textura. O, al menos, de la manera tradicional que se suele cocinar en España, que es poniendo las legumbres en remojo y luego en una olla con abundante agua y carnes de acompañamiento. Sin embargo, cuando los garbanzos cambian a puré, ya sea en forma de humus o falafel, me encantan, aunque el aporte de antinutrientes hace que los deba de consumir en ocasiones muy esporádicas. Sin embargo, las legumbres también tienen un alto contenido en fibra, siendo gran parte de ese contenido en forma de prebiótico y, por lo tanto, bueno para nuestra microbiota. Si tenéis curiosidad, tanto por saber por qué de vez en cuando consumimos estos productos, así como de los carbohidratos en sí, os recomiendo leer los siguientes artículos: carbohidratoslegumbres

En general, tener una buena despensa es muy útil. Si tenemos una emergencia, sabremos que en casa siempre tenemos algo saludable que comer. Esto también nos ahorra tiempo, ya que evitamos viajes innecesarios al supermercado más cercano. En resumen, una buena despensa es indispensable para un estilo de vida Paleo.