Vivimos en un mundo en el que estamos conectados a todas horas, desde que nos levantamos hasta que nos vamos a la cama. Mirad, si no, un día cualquiera. Nos despertamos apagando la alarma que hemos programado en el móvil la noche anterior. Después, comprobamos el correo, WhatsApp, redes sociales, etc. Muchas veces, hasta desayunamos mientras leemos las noticias o vamos al baño con el móvil en la mano. Si eres de esas personas que cogen el transporte público, puedes observar que la mayoría de las personas pasan el trayecto mirando el teléfono o escuchando música desde el móvil (o ambas cosas a la vez). Son pocas las personas que se dedican a leer o mirar por la ventana.

Llegas al trabajo y, si es en una oficina, prepárate para estar 8 horas sentado delante de un ordenador, atendiendo el teléfono, escribiendo correos..  A veces, hasta comemos mirando la pantalla o sacamos fotos de nuestros deliciosos platos para que completos desconocidos de Instagram vean lo bien que comemos. Al volver a casa, aprovechamos para ponernos al día con la familia o los amigos, ya sea llamando por teléfono o mandando mensajes. Después, un ratito de sofá, televisión, película o seguir con el ordenador. Y, al irnos a dormir, lo último que miramos es el móvil. ¿Os suena?

La tecnología tiene muchísimas cosas buenas. Nos ha permitido avanzar más en nuestros trabajos, ha facilitado la comunicación a niveles insospechados, nos permite viajar de un lugar a otro en cuestión de pocas horas… Sin embargo, en cierto modo, hemos perdido libertad. Ahora somos esclavos de la tecnología sin darnos apenas cuenta. No es de extrañar que ya se hayan diagnosticado adicciones al móvil y que existan aplicaciones que miden cuántas horas al día pasamos mirando el móvil. La adicción es tal, que muchos niños se sienten ignorados por sus progenitores y son muchos los que les quitarían el teléfono a sus padres para que les hagan más caso.

Recuerdo que, cuando tenía unos 16 años, me gustaba pasar los miércoles de verano en el cine con mis amigas. Aprovechábamos que era el día del espectador y nos salía a mitad de precio. Después, nos íbamos a merendar y así pasábamos la tarde. Tenía que estar a las 9 en casa para cenar con la familia. Alguna vez, si perdía el autobús o éste se averiaba, llegaba un poco tarde. Mis padres estaban tranquilos, ya que siempre he sido responsable y, si llegaba tarde, mis razones habría tenido. Sin embargo, con la aparición del teléfono, esa tranquilidad desapareció. Si veía que iba a llegar tarde, por el motivo que fuera, tenía que llamar avisando. Si no avisaba, a las 9 (y a veces un poco antes), ya tenía una llamada de mi madre preguntando por qué no estaba en casa. El móvil da seguridad, pero al mismo tiempo esclaviza.

Desde el móvil, tablet o cualquier ordenador con internet, podemos acceder a una cantidad increíble de información, aunque nos sentimos muy atraídos por aquellas webs que nos proporcionan un placer: las redes sociales, ya sea Facebook, Twitter, Instagram… Esto es debido a que nuestro cerebro segrega dopamina para motivarnos y, al ver que estamos pasando un buen rato, liberamos endorfinas, por lo que se crea un círculo vicioso del que es difícil salir. Podéis encontrar una buena explicación del proceso en este artículo.

Además, se ha demostrado que el móvil nos sube el cortisol, una de las hormonas del estrés. El simple hecho de ver que el móvil tiene notificaciones que todavía no hemos visto nos crea una especie de ansiedad de atenderlo y contestar los mensajes pendientes, las llamadas postergadas, los correos… por no hablar de aquellos mensajes que pueden amargarnos el día por no ser una buena noticia. O, por ejemplo, la ansiedad por sacar la foto perfecta para Instagram. El tener el cortisol alto hace que se reduzca nuestra esperanza de vida, por lo que nuestra adicción al móvil nos la está acortando. Mr Frugal, en su post sobre “El círculo de control”, nos hablaba sobre cosas que podemos controlar para reducir el estrés. El no estar tan pendientes del móvil y aprender a gestionarlo nos ayudaría a ello.

Por si fuera poco, la mayoría de las pantallas (y muchas de las luces que tenemos en casa), tienen un alto contenido en luz azul, luz que per se no se ha demostrado que sea mala pero que sí tiene efectos perjudiciales sobre nuestro ritmo circadiano y en la sobreexposición a la que sometemos a nuestros ojos. Éstos sufren doblemente ya que los forzamos a estar mirando siempre en distancias cortas, con poca luz solar, provocando fatiga visual. Si queréis informaros más sobre la luz azul, os recomiendo leer este artículo.

El 15 de Abril es el Día Mundial sin Móvil. Es un movimiento que nació el año pasado y que, parece, ha venido para quedarse. Se trata, simplemente, de ser capaces de pasar 24 horas sin teléfono móvil. Vamos, de ser capaces de vivir como se hacía tan solo hace 15 años. Aunque el reto parezca sencillo no lo es tanto en realidad. ¿A quién no se le ha estropeado el móvil y ha vivido un momento muy angustioso pensando que iba a pasar unos cuantos días sin él? ¿Quién no ha pedido un móvil prestado o sacado el viejo móvil para usarlo hasta que el nuevo esté nuevamente operativo? ¿Quiénes de nosotros seríamos de verdad capaces de estar sin móvil en todo el día?

Así que lanzo el reto. Sea el Día Mundial sin Móvil o un día cualquiera, siempre es buena idea realizar una “desconexión tecnológica o digital”, tal y como nos propone el Dr Chris Kresser en este artículo tan interesante. Para ello, doy una serie de pautas que nos pueden ayudar a superar el reto con buena nota:

  • Avisar a familiares y amigos de que vas a “desaparecer”

Esto que a simple vista parece una tontería es una de las razones por las que nos pasamos el día con el móvil a cuestas. ¿Y si llama mi madre para decirme algo muy importante y, al no coger el teléfono, cree que me he muerto? Para evitarnos malos tragos, ya sean reales o ficticios, lo mejor es avisar.

  • Tener una persona a la que llamar en caso de emergencia

Relacionado con el punto anterior, es conveniente contar con una persona de nuestro entorno a la que los demás puedan avisar en caso de emergencia. Puede ser nuestra pareja, algún amigo o un vecino de confianza la persona encargada de recoger aquellos recados urgentes que nos tienen que llegar sí o sí.

  • Sacar el móvil de la habitación

Está demostrado que el móvil perturba nuestro sueño, por lo que es buena idea sacarlo de nuestra habitación y utilizar un reloj despertador como se hacía antiguamente. Y si es un despertador que te despierta simulando la luz del amanecer para un despertar más natural, mejor que mejor.

  • Meditación y práctica del mindfulness

Ser conscientes plenamente del tiempo de calidad que dedicamos a nuestros seres queridos nos ayudará a no tener esa necesidad de estar mirando el teléfono cada vez que suena. Si vemos que tenemos tendencia a ir a por el móvil, respirar hondo y practicar una técnica llamada “noting”. Esta técnica puede ayudarnos a calmar la mente y, por tanto, reducir la necesidad de atender el teléfono y, así, poder volver a disfrutar de aquello que estuviéramos haciendo.

  • Aprovechar un fin de semana con actividades favoritas

Si vas a hacer una desconexión tecnológica, ya sea durante unas cuantas horas, un día, un fin de semana o más días, no elijas un periodo en el que no tengas nada para hacer. Aprovecha esos momentos para llenarlos de tiempo de calidad, ya sea quedando con los amigos, haciendo deporte o dedicándote a alguno de tus hobbies. Si te gusta leer pero siempre te distraes leyendo las noticias desde el móvil, aprovecha esos minutos para sacar el libro que llevas tiempo queriendo terminar.

Mr Frugal y yo aprovechamos las vacaciones para hacer una desconexión tecnológica de redes sociales y del blog. Durante unos cuantos días, nos olvidamos de Facebook, Instagram, WhatsApp y nos dedicamos a disfrutar de las maravillas que nos rodeaban. El resultado es muy liberador y muy aconsejable.

Si, a pesar de todos estos consejos, sigues pensando que te va a costar despegarte de tu preciado móvil, tablet, etc., siempre puedes hacer uso de un dispositivo como éste para que te impida acceder al teléfono durante el tiempo que lo programes. O, si lo prefieres, siempre se lo puedes dar a una persona de confianza para que te lo guarde en tu periodo de desconexión.