En esta continuación de “La importancia de saber lo que comemos”, enfocada a una primera parte sobre la calidad de los alimentos, nos vamos a centrar en la información nutricional que nos proporciona el etiquetado, así como los semáforos nutricionales más utilizados. Por último, veremos unas conclusiones a modo de resumen de esta Parte 1. 

Información nutricional

Los productos, además de los ingredientes, nos ofrecen una serie de valores nutricionales desglosados en proteínas, carbohidratos (normalmente indicando fibra y azúcares) y grasas, muchas veces haciendo especial énfasis en las grasas saturadas. Estos valores suelen venir por cada 100g de productos y por la ración recomendada por el fabricante.

El principal problema en este caso es que la ración recomendada por el fabricante, a veces, no se corresponde con la cantidad que la gente realmente consume de ese producto. Por ejemplo, y para seguir con el chocolate, vemos en la siguiente imagen que la ración recomendada por el fabricante es de 20g, o el equivalente a 4 onzas pequeñas.

Información nutricional

A no ser que seas una persona con gran autocontrol, casi nadie se come únicamente 4 pequeñas onzas de chocolate. Recuerdo que a mi primo había que esconderle la tableta de chocolate porque era capaz de comérsela entera para merendar. No hay que irse tampoco al otro extremo, pero si tu consumo de chocolate es más parecido al de mi primo que a la recomendación del fabricante, los valores indicados no te serán de mucha utilidad. Si volvemos atrás a la imagen del pan de 19 ingredientes, veremos que los valores por ración es de una rebanada. Si nos queremos hacer un sándwich, por ejemplo, tendremos que multiplicar por 2.

¿Por qué hacen esto los fabricantes? Porque los valores que dan sus productos con las cantidades recomendadas no hacen que te eches las manos a la cabeza. Tal y como vimos en la comparativa de desayunos Parte I, la OMS recomienda un consumo máximo de 25g de azúcar libre al día. Por lo tanto, los consumidores no se sienten tan mal leyendo los 10g de las 4 onzas recomendadas que si fueran 20g, o lo que es lo mismo, 2 filas de chocolate en un consumo mucho más realista.

Cantidad diaria orientativa

Observamos también que, al lado de los valores por ración, se encuentran unos valores para la cantidad diaria orientativa. ¿Qué nos quieren decir estos datos? Que si eres un adulto que debe de consumir diariamente 2000 kcal, las porciones recomendadas por el fabricante te aportarán esos porcentajes aproximados.

¿Cuáles son los principales problemas que tiene esto? El primero es que las necesidades calóricas dependen de cada persona, por lo que para saber qué valores nos aportan, deberíamos estar realizando ecuaciones matemáticas para ajustarlos a las necesidades de cada uno. El segundo, y directamente relacionado con el anterior, es que la mayoría de la gente no tiene ni idea de cuáles son sus necesidades calóricas y dan por sentado que, por ser una persona adulta, necesitarán 2000kcal diariamente, por lo que aceptan que esos valores son los buenos y ya no se cuestionan nada más. En la siguiente parte de este post, hablaré sobre cómo calcular nuestras calorías diarias y cuáles son nuestros macros.

Semáforos nutricionales

En algunos países se está utilizando los llamados semáforos nutricionales. Se trata de unos etiquetados frontales con un código de color que nos indica, en un solo golpe de vista, si el producto que vas a compras es sano o no. O ésta es la teoría.

En Francia decidieron hacer un experimento poniendo 4 semáforos a la vez y haciendo un estudio posterior para ver cuál era el más eficaz. Para ello, eligieron 60 supermercados en 4 regiones distintas y pusieron en funcionamiento el experimento durante 10 semanas. De los 60 supermercados, 20 eran de control y cada uno de los 4 tipos de semáforos contaba con 10 supermercados distintos.

Los semáforos que analizaron eran los siguientes:

  • Semáforo de la industria o Iniciativa para un etiquetado nutricional evolucionado

Es un semáforo desarrollado por la industria alimentaria y ya hay algunos países que lo han adoptado para poner, de manera voluntaria, en algunos de sus productos. En este semáforo se desglosa el azúcar, la grasa, la grasa saturada y la sal, tal y como vemos en el siguiente recuadro creado por la Asociación de cuidados del corazón de Irlanda. 

Tabla Irlanda

Los criterios parecen sencillos. Por cada 100g de producto, a cada franja en cada una de las variables, le corresponde un color. Cuanto menor sea el porcentaje, más saludable será el producto. Veamos ahora un ejemplo real. Se trata de un paquete de almendras californianas que nos lo presentan como un producto alto en fibra y para comer como aperitivo.

Almendras

En la etiqueta frontal leemos que la porción aconsejable son 30g, el equivalente a un puñado de almendras, aproximadamente. La grasa está marcada en rojo, ya que supone el 24%, conteniendo 16.8g de grasa. En principio, este producto estaría catalogado como dañino o poco aconsejable por la gran cantidad de grasa. La realidad, sin embargo, es otra. Su contenido en grasa es el gran estigma de los frutos secos y creo que nunca me cansaré de repetir los beneficios que tienen. Tal y como vimos en este post, los frutos secos, además de ser una gran fuente de nutrientes, se relacionan con menor obesidad y menor riesgo de enfermedad coronaria. Podéis informaros con más detalle en este enlace

Con una mala educación nutricional, seguiremos condenando a las grasas al meterlas en el mismo saco que el azúcar. Además, el semáforo cuenta con el mismo problema que la cantidad diaria orientativa. Al estar basada en 100g y sobre una dieta de 2000 calorías diarias, deberemos de volver a hacer matemáticas, con los peligros que eso conlleva.

Otro de los problemas es que los productos light, o bajos en grasa, salen siempre mejor parados que sus equivalentes enteros o naturales y, sin embargo, estos productos se relacionan con mayor porcentaje de obesidad, problemas cardíacos y, en general, peor salud.

  • Nutri-repère: 

Como podéis ver en la imagen, se trata de un análisis por porción en el que se estudia el aporte de ese producto en cuanto a energía, grasas, grasas saturadas, azúcar y sal. Es una mezcla entre el aporte diario por ración que hemos analizado anteriormente, y el semáforo de la industria. 

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  • SENS (Sistema de Perfil Nutricional Simplificado)

Se trata de 4 triángulos de colores según la calidad nutricional de producto. Cada color está asociado a un periodo de consumo. El verde quiere decir que el producto se puede consumir diariamente, azul es un consumo semanal, naranja es consumo mensual y el morado es muy ocasionalmente. 

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Como veis, es un sistema realmente simplificado ya que no da ningún tipo de información de las razones por las que ese producto se ha clasificado como de consumo diario y no como ocasional.

  • Nutri-score

Es un “semáforo” de 5 colores, que van del verde (bueno) al malo (rojo). Cada color tiene una letra correspondiente, que van de la A a la E. Realmente, funciona de una manera similar a la eficiencia energética de los electrodomésticos, pero ahora en lugar de medir el gasto energético, lo que se mide es la (supuesta) calidad nutricional.. Para utilizar el NutriScore correctamente, lo que se debe hacer es comparar productos del mismo tipo: bebidas con bebidas, galletas con galletas, etc… 

NutriScore.svg

Al igual que el SENS, el Nutri-score no aporta muchos datos de las razones por las que este producto tiene una A en verde oscuro y no una B en verde más claro. Sin embargo, de acuerdo al estudio, fue el sistema que mejor entendió la gente y, por lo tanto, el ganador en este experimento nutricional.

Para lo que estéis interesados, podéis ver la presentación en pdf aquí.

En España, parece que es el NutriScore el que se va a introducir en las etiquetas de nuestros productos, aunque es la Unión Europea la que tiene todavía que decidir qué etiquetado frontal se va a utilizar. Sin embargo, todo apunta a que se va a decantar por el NutriScore, siendo Europa quien regule el semáforo nutricional para todos los países miembros.  Una ventaja de esto es que los criterios han de ser los mismos para todos los países miembros de la Comunidad Europea. Esto quiere decir que, si yo en Alemania me compro una bebida con la letra B, esa misma bebida debe de tener la letra B en el resto de países miembros.

Sin embargo, en España estaban anunciando que los productos que estén compuestos con un único ingrediente, como el aceite, no necesitan llevar el NutriScore. Pero entonces, ¿cómo puedo saber yo que el aceite de oliva virgen extra es mejor que el aceite de girasol, por ejemplo? ¿O es que el NutriScore clasificaría los dos aceites con una D, por estar llenos de, oh sorpresa, grasas saturadas?

También me pregunto si un zumo de naranja natural tendría mejor clasificación que un resfresco de cola light o si, por el contrario, los azúcares naturales de éste le harían tener peor clasificación que el resfresco, lleno de aditivos y conservantes químicos…

Sellos negros

En Chile, la tasa de obesidad ha aumentado tanto, en especial la infantil, que han decidido sacar unos sellos frontales de color negro con las palabras “Alto en” seguido del contenido en el que  el producto tiene unos niveles altos y, por tanto, no saludables. 

SELLOS

Si un producto es alto en azúcar, grasas saturadas y resulta muy calórico (como podrían ser unas galletas con pepitas de chocolate, típicas en las meriendas de los niños), este producto tendría 3 sellos negros en su envase frontal.

Aquí podéis leer cómo este etiquetado ha afectado a la venta de refrescos azucarados y cereales de desayuno.

Conclusiones 

Tras este análisis sobre el etiquetado y la información que nos ofrecen los envases de los productos, podemos sacar una serie de conclusiones:

  • Priorizar el consumo de alimentos libre de envase, como frutas y verduras. Si es posible, compra la carne en la carnicería y el pescado en la pescadería. 
  • En el caso de comprar alimentos con envase, como la carne, lee bien los ingredientes y asegúrate de que tenga un porcentaje correcto.
  • Elimina los productos ultraprocesados o redúcelos al máximo. En el caso del chocolate, prioriza los que sean del 85% para arriba.
  • Infórmate bien a la hora de comprar y, en caso de dudas, déjalo en la estantería.

Y, como conclusión final, interésate por aprender cómo tener una alimentación adecuada y sé fiel a esos principios. Con una buena base de conocimientos nutricionales no habrá etiquetado que te pueda confundir a la hora de comprar determinados productos.