Algo que Mr Frugal y yo teníamos claro cuando decidimos comenzar nuestra andadura juntos es que los dos queríamos comer comida saludable y casera sin pasar demasiado tiempo de nuestra vida cocinando. Queríamos poder llevarnos nuestros tuppers de comida a nuestras respectivas oficinas pero también aprovechar las tardes/noches sin tener que cocinar la cena o la comida del día siguiente. En definitiva, comer sano sin sacrificar nuestro ocio.

Para poder cumplir nuestro objetivo, un plan de comidas se convertía en algo esencial. ¿Y por qué un plan de comidas? Pues porque esto no permite planificarnos toda la semana, teniendo claro qué vamos a desayunar, comer y cenar cada día de la semana en lugar de ir improvisando y, por tanto, perdiendo tiempo en ir a comprar o evitar el darse cuenta a medio cocinar que falta algún ingrediente o similares. Además, en caso de estar realizando alguna dieta, permite calcular muy bien las calorías que se van a consumir durante la semana y poder ajustar cantidades. También es útil para evitar comprar de más y acabar tirando alimentos porque han caducado esperando a ser comidos en la nevera.

La manera en la que comenzamos Mr. Frugal y yo era un tanto básica, pero al menos ya teníamos algo por lo que comenzar y continuar progresando y aprendiendo. En una libreta, hicimos una tabla con los días de la semana y el número de comidas de cada día. A partir de ahí, fuimos rellenando conforme nuestras necesidades. Un mínimo de 2 cenas de pescado, otra cena de huevos, comer ternera 2 veces por semana… Y así íbamos rellenando los huecos hasta que estaban todos llenos. Para evitar pasarnos mucho tiempo cocinando, solíamos coger recetas fáciles o con pocos pasos.

Conforme pasaban las semanas, nos dimos cuenta de que el plan de comidas nos servía para tener organizados los menús y nos acercaba a cumplir nuestros objetivos. Sin embargo, el plan por sí solo no nos resolvía en cómo preparar los alimentos de manera eficiente, permitiendo ganar tiempo todas las semanas y, por lo tanto, pudiendo disfrutar de ese “tiempo extra” para dedicarlo a nuestras carreras profesionales, hobbies o el blog.

Fue entonces cuando decidimos cocinar la gran mayoría de nuestros platos en una sola mañana (en nuestro caso los domingos), pudiendo así disfrutar el resto de días. Esta técnica es, precisamente, el “batch cooking”. Para poder hacer esto todavía más fácil, la olla de cocción lenta (o slow cooker) y el horno se convirtieron en nuestros aliados. 

Cuando planificamos la semana, muchas veces planificamos también alguna comida o cena de la semana siguiente. ¿Y esto por qué? Pues porque a veces hacemos carne asada, ya sea ternera, cerdo o pollo, en grandes cantidades. Esta carne, una vez hecha, la dividimos en porciones, dejando las porciones que vamos a comer esa semana en la nevera y congelando el resto. Hacemos lo mismo cuando preparamos bandejas de albóndigas.

Gracias al horno, comemos muchas verduras como acompañamiento a nuestras comidas, con la única preparación de lavarlas, trocearlas y condimentarlas un poco. Todas las semanas tenemos verdura variada, que puede ser calabacines, berenjenas, espárragos, brócoli, pimientos, cebollas… Hacemos lo mismo con los tubérculos: preparar una bandeja para añadir algunos a nuestros tuppers, sobre todo los días que tocan entrenamiento.

Aprovechando que estamos utilizando el horno, era una tontería desaprovechar la oportunidad de comer algo recién sacado del mismo y cocinar algo a la plancha en su lugar. Los domingos solemos aprovechar para comer un buen costillar, un pastel de carne, unas ricas fajitas al horno, alitas de pollo, lasaña de verduras… Hay un sinfín de platos sanos y variados que se pueden hacer, sabiendo utilizar el horno a tu favor. Mr Frugal, para hacer la tarea todavía más sencilla y eficiente, compró un termómetro especial para carne al horno. Son unos pinchos que se clavan a los trozos que se van a cocinar y que están programados para avisar cuando la temperatura interna de la carne es la óptima. Realmente es olvidarte de la carne durante el tiempo que se está cocinando, con la ventaja de que siempre sale en su justo punto: ni crudo ni quemado.

Tal y como vimos en el post de “El desayuno, la comida más difícil del día”, preparar un buen desayuno a veces nos puede ser complicado. Mucha gente opta por hornear unas magdalenas con harinas de frutos secos, frutas, cacao, etc., pero para mí eso es cambiar una bollería por otra. Sin embargo, el horno sigue siendo nuestro aliado con los desayunos. Para facilitarnoslos, y para evitar desayunar siempre las socorridas y fáciles tortillas, decidimos preparar una casserole. Reconozco que, cansada de buscar algo que fuera fácil, no requiriera de demasiado tiempo por las mañanas, y fuera comida de verdad, me metí en las profundidades de Pinterest y me encontré esto. Esta casserole fue la inspiración para todos los desayunos que vinieron después. Todas las semanas horneamos una casserole que nos da para desayunar de lunes a jueves. Los demás días, o bien ayunamos, hacemos un brunch, un porridge, unas tortillas, sobras del día anterior… Pero las casserole se han convertido en algo casi imprescindible. Gracias Michele, ¡te estaré eternamente agradecida!

La olla de cocción lenta tiene la ventaja de que, una vez los ingredientes están dentro de la olla, te puedes olvidar de ella hasta el punto de que te puedes ir a dormir. En nuestro caso, los fines de semana solemos preparar dos: la primera el sábado a la tarde y la segunda a la mañana cuando preparamos todo lo demás. Con estas dos, tenemos facilitadas unas 5 comidas. Evidentemente, todo depende de la cantidad de personas en casa y de la capacidad de la olla. En nuestro caso, una olla de 3.5 litros nos da para alimentar a 2 personas en 3 comidas distintas.

Mucha gente piensa que preparar las comidas de la semana en cuestión de pocas horas debe de ser muy aburrido y agotador, pero lo cierto es que lo pasamos muy bien. La ventaja de ser dos personas cocinando es que te permite pasar tiempo charlando. En el caso de tener hijos, incluso se les puede pedir que ayuden con pequeñas tareas, como cortar alguna verdura fácil, aliñar, batir huevos… Puede ser una buena experiencia para compartir en familia y así pasar tiempo de calidad. 

Algo que solemos hacer es escuchar podcasts que nos parezcan interesantes y así, de paso, seguir aprendiendo en este mundillo paleo frugal. Cuando nos cansamos de los podcasts, también ponemos música o, simplemente, escuchamos la radio.

Una de las ventajas que tiene el cocinar con horno o slow cooker es el hecho de que, una vez está todo haciéndose en los diferentes aparatos, puedes ir recogiendo la cocina, limpiándola, lavando platos o utensilios, etc., de manera que cuando terminas de cocinar, prácticamente está ya todo hecho. Si aprovechas para limpiar la cocina en profundidad, solamente necesitarás un poco de mantenimiento a lo largo de la semana.

En definitiva, el “batch cooking” nos ha permitido ser más eficientes, mejorar nuestra alimentación y, lo más importante, nuestra calidad de vida.