El otro día me acordé de mi antiguo correo. Uno que creé hace 15 años y que fui mi correo principal por más de 10 años. Sin embargo, por razones de búsqueda de trabajo, cursos, estudios, etc., acabé creándome otra cuenta de correo. Y, aunque en un principio, utilizaba los dos por igual, la segunda cuenta terminó por convertirse en mi correo principal. Así que cuando lo abrí tras 2 años sin uso alguno, me encontré con más de 9000 correos por abrir. Una auténtica basura digital acumulada en un par de años.

Aunque esto pueda parecer un tema trivial (al fin y al cabo, son simples datos acumulados en algún servidor en la nube, ¿no?), realmente es bastante importante y serio, sobre todo si estamos concienciados con el medio ambiente y nos consideramos personas ecológicas. 

Basura digital

Piensa, por ejemplo, en un pen drive al que vas agregando 10 archivos todos los días. Algunos de esos archivos los necesitarás más adelante. Otros, en cambio, no lo vas a utilizar nunca. Por mucha capacidad de almacenaje que tenga ese dispositivo, si nunca lo limpias, al final necesitarás comprarte otro para seguir almacenando archivos. Imagina ahora el número de pen drive que necesitarás al cabo de un año. E imagina ahora que eso lo hicieran todas las personas, todos los días, todos los años. El resultado son muchos dispositivos con muchos archivos inútiles, ¿verdad?

Ahora piensa en todos los archivos que almacenas diariamente en la nube, ya sean correos, imágenes, páginas web, etc. El hecho de que no estén en tu ordenador no significa que no ocupen un espacio en otro lugar. Esos datos son almacenados en un microchip. Ese microchip está interconectado a otros miles de microchips en un enorme servidor. Y ese enorme servidor, a su vez, está junto a otros servidores en un centro de servidores. 

Estos centros de servidores tienen que estar encendidos las 24 horas del día, los 7 días de la semana, todos los días del año. En 2018, el consumo global de energía de estos centros era del 1% y, aunque no parezca una cifra muy elevada, sí tiene su importancia.

En primer lugar, hay que tener en cuenta un incremento local de producción de energía en los países donde estos centros están establecidos. Debido a que, prácticamente el 50% de la energía se usa para enfriar los servidores, los países elegidos para albergar estos centros se encuentran, en su mayoría, en países fríos, como Irlanda o Dinamarca. En Irlanda, por ejemplo, está previsto que el 30% de la energía generada en el país sea destinada al mantenimiento de los centros de servidores.

En segundo lugar, no hay que olvidar los materiales empleados en la construcción de los aparatos electrónicos. El impacto ambiental de los centros de servidores es tan alto que, en 2018, tenía la misma huella de carbono que la industria aérea. Además, la extracción y manipulación de los materiales es peligrosa tanto para el medio ambiente como para el ser humano. El tema es tan amplio que se profundizará más adelante en otro post.

Piensa en todas estas cosas cuando, navegando por internet, nos vamos dando de alta en diferentes páginas, nos suscribimos a varios blogs, creamos perfiles en distintas redes sociales, etc. Cada una de esas cuentas, ya sea un perfil en una página web o nuestro correo electrónico, tiene asociada una copia de seguridad. Esta copia de seguridad que nos asegura que, ante la caída del servidor, seremos capaces de seguir accediendo a nuestra información. Llegamos, pues, a la conclusión de que todos nuestros datos están, como mínimo, duplicados en la nube.

Entonces, ¿cómo podemos reducir nuestra basura digital y quedarnos únicamente con lo esencial?

Cómo reducir nuestra basura digital

Personalmente, el primer lugar que se me ocurre dónde empezar a hacer una limpieza digital es el correo electrónico. Ya no es solamente el lugar donde solemos acumular una cantidad de información innecesaria, sino que también es donde más pistas de dónde tenemos perfiles creados nos puede dar. Todos nuestros perfiles, por norma general, tienen una cuenta de correo asociada. 

Muchos blogs o websites tienen unos noticiarios, ya sean diarios, semanales, quincenales o mensuales, donde envían los enlaces de las últimas entradas, noticias, novedades, etc. Muchas veces nos suscribimos a un blog porque leímos una noticia que nos gustó mucho y pensamos que el resto de contenido que va a generar nos va a seguir interesando. Sin embargo, si te das cuenta de que día tras días acabas tirando ese correo a la basura o, simplemente, no lo abres y lo dejas en la bandeja de entrada para siempre, quizá sea buena hora de darte de baja y comenzar a borrar todos los correos que no te interesen. Y, de paso, borrar tu perfil en esas páginas.

Piensa ahora en todos los perfiles de redes sociales y foros que has ido creando a lo largo de tu vida como cibernauta. Por ejemplo, uno de los ejercicios que tuve que hacer durante el máster que estaba estudiando fue crearme un blog y llenarlo de contenido. Ese blog tuvo, como único propósito, aprobar la asignatura que estaba estudiando. ¿Tiene sentido que lo mantenga en el tiempo, ocupando espacio en un servidor a miles de kilómetros de donde vivo? La verdad es que no mucho.

Y, por último, piensa ahora en todos aquellos correos personales que has tenido con familiares, amigos o profesionalmente. Quizá hace algunos años tenía sentido que guardaras aquel power point que te enviaron pero, ¿cuándo fue la última vez que lo volviste a abrir porque lo necesitabas? Eliminar información que evoca buenos recuerdos es, muchas veces, la más complicada precisamente por el vínculo emocional. En este caso, pondera bien tus intereses y tus valores. Si ese correo es muy importante para ti, mantenlo. De lo contrario, hazle un favor al planeta y deja ese espacio libre en el servidor.

Conclusiones

Es un tema complicado para concienciar a la gente porque muchos de estos usos son gratuitos para nosotros y hemos aprendido a lidiar con ello. Al principio de usar internet, la capacidad de las cuentas de correo era tan escasa que había que limpiar cada pocos días la bandeja de entrada. 

Hay que tener en cuenta nuestra huella digital y que todas las acciones que hacemos en internet tienen un impacto en nuestro entorno. Como individuos, el impacto es reducido, pero en el conjunto, contribuímos un paso más al cambio climático. 

No es más ecológico el que más recicla, sino el que menos contamina.