Desde que soy pequeño siempre he sentido que, cuando algo te requiere esfuerzo, lo valoras mucho más. Lo descubrí en un viaje con mis padres, yendo a un castillo. Aparcamos el coche en la base de la montaña y anduvimos. anduvimos lo que yo sentí como horas hasta llegar a la cima, por un camino bastante empinado. Tras ese esfuerzo el castillo me pareció maravilloso. ¿Era ese castillo maravilloso? La verdad es que no estaba nada mal pero mi esfuerzo en llegar allí hizo que la experiencia fuera mucho mejor.

Esta pequeña lección de la vida me ha resultado siempre muy valiosa, aprendiendo a valorar mucho más lo que hacemos y, por consiguiente, lo que los demás hacen. El esfuerzo, la constancia y el conocimiento en aquello que nos proponemos es lo que nos llevará al éxito.

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