Desde que soy pequeño siempre he sentido que, cuando algo te requiere esfuerzo, lo valoras mucho más. Lo descubrí en un viaje con mis padres, yendo a un castillo. Aparcamos el coche en la base de la montaña y anduvimos. anduvimos lo que yo sentí como horas hasta llegar a la cima, por un camino bastante empinado. Tras ese esfuerzo el castillo me pareció maravilloso. ¿Era ese castillo maravilloso? La verdad es que no estaba nada mal pero mi esfuerzo en llegar allí hizo que la experiencia fuera mucho mejor.

Esta pequeña lección de la vida me ha resultado siempre muy valiosa, aprendiendo a valorar mucho más lo que hacemos y, por consiguiente, lo que los demás hacen. El esfuerzo, la constancia y el conocimiento en aquello que nos proponemos es lo que nos llevará al éxito.

Muchos de mis amigos y conocidos que han probado mis platos se sorprenden de lo buenos que están y no es de extrañar. Mi abuela, una persona muy sabia, me dijo de pequeño mientras hacía una coca de yogur que, cuando cocinas tu mismo las cosas, saben mejor. Quizás fuera una mentira piadosa para quitarse trabajo en la cocina pero lo cierto es que los postres que cocinaba con ella estaban deliciosos. Al dar un bocado a esos bizcochos  recordaba ese tiempo que me esforzaba con ella en hacer el postre y eso le daba más valor. A día de hoy, cuando alguna vez hago coca de yogur, al olerla y probarla todavía me acuerdo de ella.

Seguro que se os ocurren muchos ejemplos de cómo se valora mucho más algo cuando te esfuerzas en ello. Además, también te embarga un sentimiento enorme de satisfacción al completarlo. Me ocurre hasta en algo tan sencillo como hacer un puzle. Sin embargo, me temo que ese esfuerzo es cada vez menos valorado. Creemos que para tener un buen trabajo necesitamos un enchufe, creemos que ser famoso nos va a solucionar la vida, inventándonos un personaje para salir por la televisión y hacernos rico en un minuto de gloria. A veces pensamos que tan sólo necesitamos un golpe de suerte, quizás ganando la lotería, y nuestros problemas desaparecerán.

Sin embargo, solo hay una fuerza en el universo capaz de mejorar nuestra vida: el esfuerzo. El esfuerzo constante que nos hace mejorar como personas y acercarnos cada día un poco más a nuestros objetivos. Además, el esfuerzo depende únicamente de nosotros, está en nuestro círculo de control. ¿No es maravilloso saber que nuestros objetivos dependen únicamente de nosotros? 

Es normal que al esforzarnos nos frustremos de vez en cuando, nos preguntamos si merece la pena todo el tiempo que le hemos dedicado a algo, a lo mejor sin obtener los resultados esperados. A ese respecto hay una frase que me gusta mucho de Tony Robbins: “Las personas de éxito comparten una característica común: toleran altos niveles de frustración”. Cuando echo la vista atrás en mi vida, muchas de mis etapas de más crecimiento personal se han dado en momentos de frustración. Creo que es bueno frustrarse de vez en cuando, siempre y cuando seas capaz de mantener la cabeza fría y aprender de la experiencia. 

Para mí es un buen ejemplo del esfuerzo la frugalidad. La frugalidad requiere esfuerzo por nuestra parte en salirnos del camino marcado por la sociedad y seguir un camino nuevo, un camino que puede ser frustrante a veces pero muy valioso, ya que te permite ser libre y tomar tú mismo las decisiones sobre tu destino. La frugalidad también requiere conocimiento, pero hoy en día adquirir conocimiento es más fácil que nunca. Hay innumerables vídeos de youtube para aprender a hacer prácticamente cualquier cosa y, si no, siempre podemos ir a una biblioteca a por libros para aprender. Por último, la frugalidad también requiere constancia, dar pequeños pasos día a día para obtener aquello que queremos.

Hay que esforzarse para ser frugal, pero como ya aprendí de pequeño, las cosas valiosas son aquellas por las que te esfuerzas y por las que merece la pena luchar día a día. Esfuerzate y mejora tu vida.