Categoría: Paleo Página 2 de 3

La importancia de saber lo que comemos (Parte 2-A) – Conocer nuestras calorías

Éste es el tercer artículo de los posts “La importancia de saber lo que comemos” divididos en 2 partes. En la primera parte nos centramos en la calidad de los alimentos que comemos, aprendiendo a leer las etiquetas en la Parte 1- A y centrándonos en la información nutricional en la Parte 1-B.

La segunda parte, enfocada a aprender cuáles son las calorías y macros para cada uno, se divide también en dos partes. En esta Parte 2-A aprenderemos a conocer el nivel de calorías óptimo para cada uno de nosotros. La Parte 2-B está enfocada a calcular los macros necesarios para llevar a buen término nuestros objetivos y obtener una buena salud.

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Amnesia glútea

El otro día tuve la suerte de poder ir de picnic con unos amigos, disfrutando del buen tiempo de verano y comiendo al aire libre. El plan era muy sencillo: cada uno llevaba algo para compartir con los demás, sentados tranquilamente sobre la hierba, charlando, poniéndonos al día y divirtiéndonos con la compañía. Algunos, como Mr Frugal, aprovecharon para descalzarse y jugar al frisbee y, aunque al principio eran bastante malos, fueron mejorando conforme pasaban los minutos. En total, estuvimos unas 8 horas de picnic en el parque.

Al día siguiente, en cambio, me llevé una sorpresa: tenía agujetas en el trasero, como si me hubiera pasado todo el día anterior haciendo sentadillas. Aquello no tenía sentido. Yo no había estado jugando al frisbee como Mr Frugal, sino que me había pasado prácticamente todo el día sentada sobre la hierba. Y entonces caí en la cuenta: estaba notando los efectos de la amnesia glútea.

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Comparativa de desayuno (Parte III)

Recuerdo que, cuando tenía 3 años, a la hora del recreo nos daban un vaso de leche para almorzar. A mí no me gustaba la leche y todos los días montaba un circo en el colegio por ello. A la maestra, en ese momento, se le ocurrió que sería buena idea añadirle cacao en polvo para ver si así me la tomaba. Mi madre, dispuesta a probar cualquier cosa para que yo comiera más alimentos, compró un bote de Cola Cao y lo llevó al día siguiente para que se le añadiera a mi vasito de leche. Evidentemente, aquel vasito marrón, lleno de cacao y azúcar, me encantó. La hora del almuerzo dejó de ser un drama y muchos compañeros de clase empezaron a pedir su leche con el preciado cacao. Y ya en casa, pasó a ser mi desayuno (y muchas veces mi cena) durante muchísimos años.

Ahora echo la vista atrás y me doy cuenta de que mi cuerpo, desde bien pequeña, era muy sabio. Mi tolerancia a los lácteos es más bien escasa y, sin embargo, ha sido al comenzar mi vida paleo cuando me he dado cuenta de ello. Cuando vivía con mis padres, todos los días tomaba un par de vasos de leche, ya fuera con cacao en polvo o café. Como mi comida favorita era (y sigue siendo) el queso, prácticamente todas las noches tomaba alguna cuña, o me hacía un bocadillo de queso para merendar, o pedía una loncha en mi pechuga de pollo o mi filete de carne… Vamos, que me atiborraba de lácteos todas las semanas. 

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Qué es el “Batch cooking” y por qué te ahorrará quebraderos de cabeza

Algo que Mr Frugal y yo teníamos claro cuando decidimos comenzar nuestra andadura juntos es que los dos queríamos comer comida saludable y casera. También queríamos llevar nuestros tuppers de comida a nuestras respectivas oficinas. Lo que no queríamos era pasar demasiado tiempo de nuestra vida cocinando. Deseabamos aprovechar las tardes/noches sin tener que cocinar la cena o la comida del día siguiente. En definitiva, comer sano sin sacrificar nuestro ocio.

Para poder cumplir nuestro objetivo, un plan de comidas se convertía en algo esencial. ¿Y por qué un plan de comidas? Pues porque permite planificarnos toda la semana, teniendo claro qué vamos a desayunar, comer y cenar cada día de la semana. Esto evita el ir improvisando y, por tanto, perdiendo tiempo en ir a comprar. También evita el darse cuenta a medio cocinar que falta algún ingrediente o similares. Además, en caso de estar realizando alguna dieta, permite calcular muy bien las calorías que se van a consumir durante la semana y poder ajustar cantidades. También es útil para evitar comprar de más y acabar tirando alimentos porque han caducado esperando a ser comidos en la nevera.

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La importancia de saber lo que comemos (Parte 1-B) – Información nutricional y semáforos nutricionales

En esta continuación de “La importancia de saber lo que comemos”, enfocada a una primera parte sobre la calidad de los alimentos, nos vamos a centrar en la información nutricional que nos proporciona el etiquetado, así como los semáforos nutricionales más utilizados. Por último, veremos unas conclusiones a modo de resumen de esta Parte 1. 

Información nutricional

Los productos, además de los ingredientes, nos ofrecen una serie de valores nutricionales desglosados en proteínas, carbohidratos (normalmente indicando fibra y azúcares) y grasas, muchas veces haciendo especial énfasis en las grasas saturadas. Estos valores suelen venir por cada 100g de productos y por la ración recomendada por el fabricante.

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Desconexión tecnológica

Vivimos en un mundo en el que estamos conectados a todas horas, desde que nos levantamos hasta que nos vamos a la cama. Mirad, si no, un día cualquiera. Nos despertamos apagando la alarma que hemos programado en el móvil la noche anterior. Después, comprobamos el correo, WhatsApp, redes sociales, etc. Muchas veces, hasta desayunamos mientras leemos las noticias o vamos al baño con el móvil en la mano. Si eres de esas personas que cogen el transporte público, puedes observar que la mayoría de las personas pasan el trayecto mirando el teléfono o escuchando música desde el móvil (o ambas cosas a la vez). Son pocas las personas que se dedican a leer o mirar por la ventana.

Llegas al trabajo y, si es en una oficina, prepárate para estar 8 horas sentado delante de un ordenador, atendiendo el teléfono, escribiendo correos..  A veces, hasta comemos mirando la pantalla o sacamos fotos de nuestros deliciosos platos para que completos desconocidos de Instagram vean lo bien que comemos. Al volver a casa, aprovechamos para ponernos al día con la familia o los amigos, ya sea llamando por teléfono o mandando mensajes. Después, un ratito de sofá, televisión, película o seguir con el ordenador. Y, al irnos a dormir, lo último que miramos es el móvil. ¿Os suena?

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Qué llevar cuando vamos de picnic (o qué llevar siendo paleo y no morir en el intento)

Imaginemos por un momento que un amigo, con toda la buena intención del mundo, nos dice:

-Oye, podríamos hacer mañana una excursión por la montaña. Hay una rutilla senderista que me encantaría hacer contigo.

Suena como un buen plan, ¿verdad? Aire libre, sol, ejercicio físico, buena compañía y risas aseguradas. Todo bien hasta que esa misma persona nos comenta:

-Nos llevamos unos bocatas de tortilla y solucionado.

Y entonces caes en la cuenta de que ese sencillo plan que antes hacías, como era el prepararte un buen bocata envuelto en servilletas y papel de aluminio, ya no es posible. ¿Y qué hacer entonces? ¿Dejar de hacer excursiones solamente porque no comes pan o ya no envuelves los alimentos en papel de plata? Suena ridículo, ¿no? Pues así es como me sentía yo cada vez que planeaba pasar un día de excursión por el campo o a un parque de la ciudad. No paraba de darle más y más vueltas, pues no quería complicarme la existencia pero tampoco dejar de ser fiel a mis principios.

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Cómo es una despensa en un hogar PaleoFrugal

Muchas personas piensan que, hoy en día, no es necesario tener una gran despensa en casa. Al fin y al cabo, con salir a la calle y andar 5 minutos, ya llegamos al supermercado más cercano donde nos podemos abastecer sin problemas. Pero, ¿qué sucede cuando esa logística falla?

El año pasado, Mr Frugal y yo vivimos unos de esos acontecimientos que es muy improbable que ocurra: la nieve paralizó la ciudad durante 5 días y, durante todo ese tiempo, los supermercados permanecieron cerrados. La casualidad quiso, para darle mayor dramatismo a la historia, que nos hubiéramos ido de vacaciones el fin de semana anterior, así que cuando volvimos nos vimos que, en 3 días, íbamos a tener una gran nevada y nuestra nevera estaba prácticamente vacía. Mr Frugal salió rápidamente a comprar provisiones, pero los supermercados ya estaban arrasados. Volvió con una bandeja de pollo y algunas verduras. ¿Cómo pudimos sobrevivir a la gran nevada con una nevera tan pobre?

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La importancia de saber lo que comemos (Parte 1-A) – Etiquetado, estrategias de marketing e ingredientes

Todos hemos llegado a la conclusión de que cuidar nuestra alimentación es muy importante, y más si queremos seguir el principio de Hipócrates de “que tu comida sea tu medicina”. Cuando adoptamos un estilo de vida Paleo, realizamos un primer acercamiento por la lógica que hay detrás del planteamiento, y lo seguimos a lo largo del tiempo porque vemos que realmente nos funciona.

Sin embargo, considero que es fundamental que, para que esta afirmación de Hipócrates sea correcta al 100%, debemos conocer qué es lo que nos llevamos a la boca y a nuestros estómagos. Con esto me estoy refiriendo, principalmente, a dos cosas: primero, la calidad de los alimentos que comemos, que podemos conocer leyendo bien el etiquetado; y segundo, el análisis de nuestras dietas en relación con nuestros objetivos y nuestro estilo de vida, o lo que es lo mismo, conocer cuántas calorías necesitamos diariamente y cuáles son nuestras macros.

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El pelo femenino y la guerra contra los champús

No sé si os pasará lo mismo pero, para mí, el pelo ha sido un verdadero quebradero de cabeza, nunca mejor dicho. Cuando era pequeña, tenía un pelo precioso, de color castaño muy oscuro a la sombra y con tonalidades rojizas cuando le daba el sol. En verano, esas hebras rojizas se convertían en doradas y mi abuela siempre me decía que mi pelo estaba hecho de oro. Me encantaba lo bien que se veía, aunque debía de tener cuidado con él porque se me engrasaba enseguida. Era una niña muy movida, a la que le encantaba hacer deporte y jugar y, si le sumas mi propensión al cabello graso, podéis imaginar que mi pelo requería lavados día sí y día no. A veces, incluso a la tarde del día siguiente.

Las primeras canas me empezaron a salir siendo muy joven, con 18 años. El estudiar una carrera muy estresante, donde ya las primeras semanas nos dejaron claro que se acabaron los fines de semana de relax y que dormir se iba a convertir un lujo, desde luego que le pasó factura a mi cabello y las canas se multiplicaron. A esto hay que sumar que mi alimentación era de pura supervivencia, comiendo prácticamente todos los días en la universidad, con unos menús basados en bocadillos o pizzas. Muchas veces salía de casa a las 7 y media de la mañana y no llegaba hasta las 10 de la noche a casa.

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